Caminar junto a ti en las mañanas brumosas del verano, cubierta con un delgado abrigo, y debajo una blusa escotada para cuando salga el sol...
Te recuerdo fríamente, como si estuvieras muerta, y en mi viudez, de golpe se borra todo lo bueno y lo malo, quedando únicamente un recuerdo puro, sacro, como una imagen de dios, donde se coagula tu esencia. Amo esa esencia, amo tu muerte, y mi viudez me resulta fascinante.
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